jueves, 5 de diciembre de 2013
Distancia.
Distancia. Esa cosa con tantos enemigos y detractores. Esa cosa que nos hace estar tristes y melancólicos. Distancía. Sí, sí, D I S T A N C I A.
La distancia es sin duda algo triste pero, yo le veo un lado positivo.
Gracias a la distancia me he dado cuenta de muchas cosas. Cuando tienes que irte a vivir fuera por razones de trabajo o estudios, piensas que vas a conservar a esos amigos que tantos buenos momentos te brindaron. Craso error. Si algo he aprendido de la vida en estos dos últimos años que llevo fuera de mi ciudad natal, es que la distancia es una gran ayuda para hacerte dar cuenta de quién es realmente tu amigo y quién era solo un conocido para pasar buenos momentos. Cuando te marchas, parece que nada va a cambiar, todos te despiden con amplias sonrisas y te prometen una quedada próxima, pero, muchas veces, con el paso de los días, terminan por olvidarte e incluso dejan de hablarte en las redes sociales.
Según mi experiencia, esto se debe a que temen quedarse solos, y, en vistas de que tu vas a encontrar nuevos amigos y hacer una nueva vida, se sienten vacíos e intentan buscar nuevos círculos o simplemente sustituirte de alguna forma, pero no todas las personas ofrecen lo mismo.
Así poco a poco te vas descartando de forma eficaz de esos personajes que, por alguna extraña razón, estaban en tu vida pero sin embargo no aportaban nada.
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