sábado, 28 de septiembre de 2013

Llover

Llover. Agua. Truenos. Tormenta. Frío.

La lluvia caía en la cuidad, esa ciudad que cuando brilla el sol está tan llena de vida. Esa misma cuidad que parecía salida de alguna novela de otro país.
El asfalto está muy mojado, por eso a los lados de la carretera se forman charcos enormes y, cuando algún coche va demasiado deprisa moja a los peatones sin compasión.
Pero esta lluvia no cesa, es como si el cielo, por alguna extraña razón, se hubiera enfadado con la cuidad y estuviera descargando toda su ira contra ella.
Yo, sin embargo, observo la escena frente a mi ventana empañada. Mirar las gotas de agua caer es tan jodidamente hipnótico... me encanta.

Todo se vuelve tan solitario y gris. Personas y animales corren a refugiarse bajo los portales y las tiendas. Las palomas se posan bajo los balcones de algunas casas, hay pocos atrevidos bajo la lluvia. Todos nos cubrimos de la lluvia como si fuera a quemarnos la piel. Es gracioso en cierto modo. En realidad me gusta, me gusta la sensación de caminar bajo la lluvia. A alguna gente los días de lluvia les parecen de lo más triste, en cambio a mi me parecen preciosos; supongo que mi corazón es un poco gótico, aún.





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